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23 de abril de 2014

Los Patagones en la "Cosmographie Universelle" de Guillaume le Testu (1555).

Portada  Cosmographie Universelle

Guillaume le Testu (1509-1573) fue un marino, corsario, explorador y cartógrafo francés. Se le conoce por haber explorado el litoral brasileño en 1551 y cartografíado la bahía de Guanabara, en la desembocadura del futuro Río de Janeiro. Su vida fue bastante movidita, pues fue encarcelado durante las guerras de reiligión siendo liberado por Carlos IX, se unió a Francis Drake con quien realizó algún que otro ataque, concretamente participó en el ataque a un convoy de plata español en Nombre de Dios (Panamá). Finalmente fue herido y hecho prisionero por los españoles que le ajusticiaron poco después. 

A pesar de que su vida fue bastante excitante, no es eso lo que nos interesa de le Testu en esta entrada. Lo realmente interesante para nosotros fue su obra Cosmographie Universelle (1555), un atlas que el autor dedicó al almirante francés Gaspard de Coligny. Los mapas contenidos en ella abundan en maravillas marítimas, asimismo contiene todo un bestiario fabuloso en las áreas de la costa donde encontramos humanos monstruosos como acéfalos, amazonas y los famosos gigantes patagónicos. Todo esto se inscribe rigurosamente en la tradición de los mapamundi medievales, en el que las maravillas no solo eran un "adorno" obligatorio, sino que además era un impulso a los navegantes y conquistadores para ver más.

Los patagones en la Cosmographie Universelle aparecen hasta en tres ocasiones. La primera de ellas en el mapa dedicado a "La terre du su" (a las tierras del sur). En él podemos ver a un patagón sentado justamente en lo que es la Patagonia, al sur del Río de la Plata y al norte del Estrecho de Magallanes. Abajo podemos leer "Royaume de Gyganton". Va vestido con un pequeño faldón, y lleva un escudo y una maza. 

Folio 40b

La segunda representación la encontramos inmediatamente después, en un mapa dedicado a la costa atlántica del sur de suramerica. De nuevo vemos localizados a los patagones en la zona del Estrecho de Magallanes, en una zona llamada "Regne de Giganton". En esta ocasión están vestidos con faldas de plumas (algo realmente común cuando se representa al indígena americano, aunque no coincidiera para nada con la realidad), y parece que están enfrentándose a un duelo. La leyenda que acompaña a este mapa dice lo siguiente:"Environ le Royaumme de Giganton sont hommes ayant dix et douze coudées de hauteur, et ne parlent que par siffler" (Algo así como que en el Royaumme de Giganton habitan hombres de diez y doce codos de altura, y que no hablan sino que silban). 


Folio 43


La última representación la encontramos en un mapa dedicado a las tierras de Brasil. De nuevo los patagones están al sur del Río de la Plata, aunque no lo parezca por la orientación en sí del mapa. Pero en la esquina superior de la derecha se puede apreciar. Son dos, y uno parece estar luchando con un dragón color azul. 


Folio 44

Fuente:

Le Testu, Guillaume: Cosmographie universelle, selon les navigateurs tant anciens que modernes / par Guillaume Le Testu, pillotte en la mer du Ponent, de la ville francoyse de Grâce, 1555. En Service historique de la Défense. Consulta online en:  http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b8447838j/f1.planchecontact 

LESTRINGANT, Frank: "Le Patagones de la carte (1520-1620)", en Patagonie. Images du bout du monde, París, Musée du quai Branly, 2012, pp. 14-27.

1 de abril de 2014

Lectura y Lectores en la España del siglo XVI y XVII


En estos últimos días he estado leyendo, de manera express, un librito muy interesante títulado Lectura y Lectores en la España del siglo XVI y XVII de Maxime Chevalier. Es un libro fino y muy ligero que apenas puede leerse en un par de días, y que puede servir al lector y/o investigador para hacerse una idea de la situación general de la lectura en el seiscientos y setecientos. Creo, en mi opinión, que la mejor parte del libro es la introducción porque Chevalier no sólo ofrece un panorama general del estatus de lectura en esos siglos, sino que además hace un extenso estado de la cuestión sobre este tema en particular. Posteriormente dedica un capítulo a lo que sería la lectura de las novelas de caballerías -especialmente interesante para mí-, la épica, la tragicomedia (Celestina), etc. Lo más fascinante de este trabajo de investigación es que se puede ver que el trabajo de Chevalier ha sido inmenso, pues no solo se ha hecho un estudio de inventarios, testamentos, etc. para saber qué libros se tenían en aquella época y posiblemente se leían, sino además, ha hecho un estudio de como ciertas obras aparecen mencionadas en otras, dando a entender de que si esto se producía es porque el autor de una determinada novela o comedia había leido esa misma obra. Yo supongo que este librito, que parece tan fino, ha tenido que costar muchos años de trabajo y de lectura, y no de una lectura ligera precisamente, sino profunda y muy concienzuda con el fin de exprimir cada detalle al máximo.

No obstante, a pesar del inmenso trabajo que esconde este librito, Chevalier -y es algo que me ha interesado- llama la atención, en constantes ocasiones, sobre la necesidad de investigar más otros aspectos. En este sentido, se puede decir que este trabajo tiene el objetivo de impulsar los estudios sobre la lectura en el Siglo de Oro español. Desde los años 70, década en que fue publicada esta obra, intuyo que habrá habido avances, no obstante creo que este libro no deja de ser un clásico y una iniciación al investigador que esté interesado en este tema. 

Aquí dejo los detalles de la obra:

Chevalier, Maxime: Lectura y lectores en la España del siglo XVI y XVII, ediciones Turner, Madrid, 1976. 

17 de julio de 2013

El fin de la visión emblemática.

Ilustración extraída de la obra de Jan Jonston: Historiae naturalis de quadrupedibus libri, cum aeneis figuris, Johannes Jonstonus,... concinnavit. 1657.


Continuando con la explicación sobre la visión emblemática de la naturaleza, en esta entrada toca hablar de su fin. Tradicionalmente se considera la obra del naturalista polaco Jan Jonston (Joannes Jonstonus) como un punto de inflexión en la tradición emblemática. Su Historia Naturalis contaba con todas la ilustraciones de la tradición aldrovandina, sin embargo, el texto que las acompañaba se alejaba mucho de las historias naturales anteriores como las de Gessner o Aldrovandi. Si bien, como dijimos, Gessner le dedicaba 8 páginas al pavo y Aldrovandi 30, Jonston le dedicaría únicamente 2. Su descripción prescindía de los emblemas, los proverbios, la mitología, o los jeroglíficos y se limitaba a describir al animal y a hablar de sus propiedades médicas y culinarias. Jonston, por tanto, rompe con la tradición renacentista que hasta ahora había marcado la producción de historia natural. Se produce lo que se llamada "desencantamiento" o "desimbolización".

Pero ¿Que ha ocurrido para que se produzca este cambio? Asworth habla de tres posibles motivos. El primero de ello es el "encontronazo" con la naturaleza del Nuevo Mundo. En las primeras décadas del siglo XVII aparecen las primeras historias naturales del Nuevo Mundo y, generalmente, se les suele considerar como hijas de la tradición baconiana, es decir, productos de la observación o de la experiencia de aquellos que habían viajado al continente americano. ¡Ojo! Esto no quiere decir que los que las escribieron habían viajado al Nuevo Mundo, sino que basaban sus relatos en historias leídas u oídas de quien si había viajado, esto llevó en muchas ocasiones a procesos de cotejo entre las historias y también entre los objetos traídos del Nuevo Mundo, un buen ejemplo de ello fue toda la polémica creada en torno a sí el ave del paraíso tenía o no tenía patas. Pero sí que es cierto, que estas historias naturales carecían de la tradición emblemática pero no porque hubiera un repentino interés por hacer las historias naturales basadas específicamente en la observación sino porque los animales, la naturaleza en general, den Nuevo Mundo carecía de similitudes, es decir, ningún autor griego había visto a un oso hormiguero o al armadillo. Por lo que las descripciones de estos nuevos espécimenes debían basarse únicamente en lo poco que se sabía o se podía saber: su apariencia física, su hábitat, alimentación, etc.

No todos los autores están de acuerdo con que el Nuevo Mundo cortara o supusiera una ruptura con la tradición emblemática tal y como señala Asworth. Peter Mason en Before Disenchatmen (podéis ver una reseña interesante de esta obra en el siguiente enlace; http://animaliahispanica.blogspot.com.es/2013/07/peter-mason-before-disenchantment-2009.html) rechaza la teoría de Asworth y admite que en las descripciones de la naturaleza del Nuevo Mundo, sobre todo en las descripciones visuales, se seguía manteniendo cierta visión emblemática, cierta mitología y usa como ejemplo varios espécimenes quedando muy claro sobre todo en la descripción del perezoso. Para Mason, la descripción que se hace el perezoso apenas cambia en un siglo y su imagen, reproducía apenas sin cambios a lo largo de los años, seguía siendo muy mitológica y muy poco realista. Coincide en cierta manera con esta idea Brian Ogilvie, para el la Historia Natural exótica supuso un retroceso  o una vuelta atrás en el avance de la historia natural ya que los naturalistas, al no poder observar "lo exótico" más de cerca, debían recurrir a métodos de cotejo y comparación. Según Ogilvie, los propios naturalistas admitían que este método era inferior a la observación pura, pero que estaban a favor de usar cualquier método que les pudiera ayudar a catalogar la naturaleza de la forma más exhaustiva posible.

El segundo motivo que influyó en la quiebra de la tradición emblemática fue la obra de Thomas Browne Pseudoxia Epidemica en 1646 (Título en español; Sobre errores vulgares) que intentaba purgar a las historias naturales de los errores más comunes cometidos y que eran considerados como verdades. El autor se preguntaba si muchas de las historias tales como la que contaba que el Camaleón vivía del aire, eran verdades y si podían ser demostradas. Apelando a los criterios de la razón, experimentación y autoridad evalúa muchas de ellas.

Y, por último, el tercer motivo fue la influencia baconiana. Francis Bacon, a pesar de no haber escrito nunca una historia natural, sí que tenía claro cómo hacerla y pensaba que hasta las ahora publicadas era insatisfactorias pues no mostraban la naturaleza como Dios las había creado, sino como lo había hecho el hombre. Rechazó la tradición emblematica rechazando la idea de que la naturaleza fuera compuesta por una serie de códigos. Aún así Bacon no fue la mayor influencia para la ruptura de esta tradición ya que el desmatelamiento fue anteror e independiente al baconismo.

Para la bibliografía ver la primera parte. 



6 de julio de 2013

El coleccionismo de curiosidades americanas en el siglo XVIII

Ternera de dos cabezas. Imagen extraída de la obra de Juan Bautista Bru de Ramón: Colección de láminas que representan a los animales y monstruos de Real Gabinete de Historia Natural, 1784-1786.

Leí hace algunos meses, en la obra de Helen Cowie Conquerin Nature, que en el siglo XVIII la Historia Natural parece centrarse más en lo "normal" de la naturaleza que en lo extraordinario, pues al fin y al cabo lo extraordinario solo se daba en la naturaleza en contadas ocasiones y que sólo eso no servía para conocer la verdadera naturaleza. Que los naturalistas empiezan a dejar más las monstruosidades al campo de la medicina y que eso mismo se observaba en las colecciones de Histora Natural donde lo raro empezaba a ir desapareciendo. Incluso citaba a Jean Mieg -físico y químico del siglo XIX- y su obra Paseo por el Gabinete de Historia Natural (1818) donde a modo de diálogo con un púpilo, daba lecciones sobre los objetos que se hallaban en el gabinete y donde criticaba el interés por lo monstruoso o lo extraño, ya que para su opinión los objetos comunes mostraban mejor el poder de Dios que los que eran extraños. Asimismo advertía a su discípulo cómo el interes por lo raro habia acrecentado el pillaje:

"Es muy útil saber que también existen monstruos ficticios, que los comerciantes de curiosidades de historia natural saben fabricar con bastante perfección, ya con el axilio de hilo y aguja, ya con el de sus navajas y pinceles. Así es como cortan algunas veces la cola y las orejas a los monos, ratones u otros animales conocidos: además les arranca sus dientes y cambian sus colores; todo con el fin de poderlos vender por especies nuevas á los que desean estos objetos..." (Juan Pieg, Paseo por el Gabinete de Histora Natural, p. 101)

Sin dejar de ser cierto lo que dice Cowie, pues al fin y al cabo sí  que los gabinetes de historia natural se "naturalizaron" y se hicieron más "científicos", no por ello el interés por las curiosidades, y en concreto por las curiosidades americanas, desapareció en el siglo XVIII y es así como Paula De Vos lo explica en "The rare, the singulary and the extraordinary..." (ver referencia abajo".

Como bien explica Antonio Barrera-Osorio, el interés por las curiosidades americanas empiezó a mostrarse a partir de la segunda mitad del siglo XVI dando como resultado el surgimiento de nuevos jardines, museos, etc. Estas curiosidades motivaron el estudio de la naturaleza americana creándose, incluso, un grupo de profesionales que compartían un interés común como el grupo de coleccionistas de Sevilla formado por Simón Tovar, Argote de Molina o Nicolás Monarde. Sin duda alguna, estas colecciones sirvieron tanto para la investigación como para la propia proyección social de sus propietarios



Pollo de tres pies.  Imagen extraída de la obra de Juan Bautista Bru de Ramón: Colección de láminas que representan a los animales y monstruos de Real Gabinete de Historia Natural, 1784-1786.


En el siglo XVIII, pese a ese proceso de "naturalización" explicado por Helen Cowie, el interés por lo curioso sigue estando presente y así se observa en las órdenes que los monarcas envían a las administraciones gubernamentales americanas donde sí es cierto que los productos naturales "útiles" seguían siendo la prioridad, pero donde también había cabida por las curiosidades, con el fin de exhibirlas en tres instituciones vinculadas a tres monarcas: Biblioteca Real y Pública de Felipe V, Casa de la Geografia e Historia Natural de Fernando VI que daría lugar al Real Gabinete de Historia Natural de Carlos III (Como vemos en las ilustraciones, varios especímenes del Gabienete fueron ilustrados por Juan Bautista de Bru de Ramón que poseía el puesto de "Artista y Disecador" en el mismo).

Sin embargo, ¿Qué debemos entender por "curiosidad"? Si bien en la Edad Antigua y Medieval el concepto "curiosidad" o "curioso" tenía una fuerte connotación negativa, en el siglo XVI la "curiosidad" empieza a vincularse con el espíritu científico y la voracidad del conocimiento. La connotación negativa desaparece y aparecen las cámaras de curiosidades que representaban esa voracidad por conocer todo lo que había en el mundo. En el siglo XVIII, el coleccionar curiosidades se iba vinculando más con la vulgaridad aunque no dejaron de estar presente en las grandes colecciones. Pero sin duda alguna lo que daba a un objeto la cualidad o la consideración de ser "curioso" eran sus propiedades extraordinarias, que fuera un objeto único y raro, nunca visto, y de esos el continete americano podía proveer mucho.

La búsqueda de lo raro en el siglo XVIII, se inicia con una serie de llamadas u órdenes que Felipe V dio a través de un decreto en 1712 donde exigía el envió de libros (para su biblioteca) de América, China, Japón y zonas orientales, así como un cargamento de "cosas curiosas". Estas ordenes requieriendo especímenes para las colecciones, se fueron haciendo más comunes a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. La mayoría de las órdenes se centraban en lo que se consideraba "naturalia", por ejemplo una orden de 1752 exigía el envio de todo tipo de "minerales, producciones naturales y curiosidades" y una de 1796 exigía el envio de especímenes de los tres reinos, especialmente "raras piezas". 

Pronto estos objetos fueron llegando a Madrid. De los 335 cargamentos que llegaron sobre objetos naturales, 25 contenían curiosidades. Entre esas curiosidades podemos encontrar animales vivos -sobre todo animales muy vinculados con lo que seria la fauna americana tales como loros, aves del paraíso (http://animaliahispanica.blogspot.com.es/2012/11/jose-ramon-marcaida-el-ave-del-paraiso_2.html), iguanas, tortugas, caimanes, etc.- animales disecados -oso hormiguero, iguanas, escorpiones, etc.-, partes de animales -habría que destacar los huesos del perezoso-, minerales, objetos de etnografía y por último, y más interesante para mí, monstruos. El hecho de que se incluyeran monstruos en estos cargamentos parece contradecir no sólo lo dicho por Helen Cowie, sino también lo dicho por Lorraine Daston y Katherine Park sobre una "templanza" en le interés por lo monstruoso. No sólo es que se trajeran sino, que como vemos en las ilustraciones de Bru de Ramón, se llegaron a exhibir en el Gabinete. 

Según lo recogido por Paula De Vos fueron cuatro las monstruosidades incluidas en esos cargamentos: una mandíbula y unos dientes de un "monstruo terrórifico" de Nicaragua en 1782, un caballo hermafrodita de Cartagena en 1789, una vaca sin pelo de Veracruz en 1804 y un cerdo monstruoso de Bataan.


Bibliografía;

Barrera-Osorio, Antonio: Experiencing nature: the Spanish American empire and the early scientific revolution, University of Texas Press, 2006.

Cowie, Helen: Conquering nature in Spain and its empire, Manchester: Manchester University Press, 2011.

De Vos, Paula: "The rare, the singulary and the estraordinary..." en Bleichmar Daniela, De Vos Paula, et. Al.: Science in the Spanish and Portuguese empires, Standford University Press, 2009. 












4 de julio de 2013

La Temprana Revolución Científica




Defiende Antonio Barrera-Osorio en su obra Experiencing Nature (ver imagen) que a inicios del siglo XVI, en España, se produce lo que el llama "Early Scientific Revolution": una "Temprana Revolución Científica. Una revolución científica motivada por el descubrimiento del Nuevo Mundo que "forzó" a los exploradores, soldados, comerciantes, naturalistas, religiosos, y un gran etcétera a desarrollar un empirismo para conocer una naturaleza de la que no se tenería referencia alguna en los libros. Hasta ahora el conocimiento de Historia Natural del "Viejo continente" se había basado más en la lectura de las grandes autoridades clásicas, en las que habría destacado Aristóteles, más que en la propia observación de la naturaleza en sí misma. Los grandes eruditos no se habrían acercado a un perro o a un pavo para conocerlo, sino que habrían recurrido a una amplia bibliografía sobre lo mismos. Esta manera de acercarse al nuevo mundo generó en lo que Asworth (referencia al final de la entrada) calificó como una "visión emblemática del mundo" que suponía una forma de concebir la realidad natural (Sobre todo desde mediados del siglo XVI a mediados del XVII) según la cual los entes naturales formarían parte de un lenguaje de símbolos y significados ocultos que sería posible descifrar. Esto hacía que en la descripción de una animal no se hiciera hincapié en sus características físicas o biológicas, sino en sus vinculaciones con las historia, la mitología, la etimología, etc. utilizando como fuente, por supuesto, obras que le sirvieran para completar estos aspectos; obras como la de Iconología de Cesar Ripa o Adagia de Erasmo y, por supuesto, las obras clásica.

Pero el Nuevo Mundo lo cambió todo. Aparece toda una flora y una fauna que carece de referencias y es necesario conocerla. La corona española, como bien señala Barrera-Osorio, se dio cuenta que era necesario conocer para controlar, y el empirismo, por tanto, nace en un contexto comercial e imperial controlado por dos instituciones esenciales para el gobierno de las colonias: Casa de la Contratación y el Consejo de Indias. Este empirismo tiene dos ramas desde mi punto de vista; una centrada en la adquisición de conocimiento tanto por información burocrática, es decir, el requerimiento de información por parte de la corona a los gobiernos nacientes de las colonias; virreinatos, que daría lugar a las famosas Relaciones de Indias" y las expediciones científicas -las cuales se harían a mayor escala en el siglo XVIII- siendo la más conocida la del doctor Francisco Hernández con la recopilación de miles imágenes que en su mayoría se perdieron en un incendio de El Escorial (aunque algunas vieron la luz en publicaciones). Por otro lado, el emprirismo llevado a cabo para la creación o invención de instrumentos que favorecieran la navegación pero también la explotación de las nuevas riquezas naturales que proporcionaban el Nuevo Mundo. Barrera-Osorio destaca tres: las bombas de agua, las cañas y redes para la adquisición de perlas, y el proceso de amalgama con mercurio para la extracción de plata.

Resulta interesante el proceso que conlleva la elaboración y la comercialización de instrumentos para la explotación de fuentes naturales. Se empiezan a crear patentes y lo que es más interesantes: los "test" que a través de las experiencia verificarían si un invento o no era válido y, sobre todo, rentable y beneficioso económicamente. Así, cuando Diego Ribeiro informó de que podría crear una bomba de agua en metal se puso en marcha todo un mecanismo para confimar sobre la eficacia de la bomba. En seguida se exigió a unos oficiales que probaran la bomba, dando esta prueba una respuesta positiva. Una vez se hubieron comprobados los resultados, la corona dio a Ribeiro su licencia. Lo mismo ocurriría con las cañas o el proceso de amalgama, toda invención nacía de la experimentación de su inventor y de la comprobación por parte de la Casa de Contratación por medio de la "experiencia" de que el instrumento inventado verdaderamente era fiable y beneficioso. Obviamente, la Casa, conocedora de lo beneficioso que podía ser esto, no solo apoyaba a los artesanos sino que fomentaba la competencia, con lo que las licencias siempre estaban sujetas a que sí el invento era mejorado, el nuevo inventor era el que adquiría la licencia.

En conclusón, Barrera-Osorio propone, a rasgos generales, que el inicio de la Revolución científica se encuentra en los inicios del siglo XVI, motivado por el encuentro de nuevo continente que "forzó" a que por medio de la experiencia se conociera y se explotara todo un nuevo mundo.

Bibliografía:

Barrera-Osorio, Antonio: Experiencing nature: the Spanish American empire and the early scientific revolution, University of Texas Press, 2006.

Ashworth Jr., William B: "Natural history and the emblematic world view". En Reappraisals of the scientific revolution, editado por David C. Lindberg y Robert S. Westman. Cambridge: Cambridge University Press, 1990.

1 de julio de 2013

Visible empire. Daniela Bleichmar



En el siglo XVIII, tras la llegada de los Borbones a la monarquía española tras la Guerra de Sucesión, se produce un cambio importante en la política americana. Los Borbones empiezan a llevar a cabo una serie de medidas que permitiría la explotación económica del continente y por supuesto un mayor control (algo que se había perdido durante los reinados de los Austrias menores). Para llevar acabo esa explotación y ese control, los nuevos monarcas, y en especial Carlos III y IV, entendieron que era imprescindible conocer el continente americano por lo que promovieron la investigación de la Historia Natural, una investigación "utilitaria", es decir, que sus resultados fuera útiles para la corona, que proporcionara sobre todo ganancias económicas que permitieran llenar las arcas reales, muy vacías tras años de derroches económicos y malas políticas. Por tanto, en este apogeo de las ciencias naturales se llevó a cabo dos procesos: por un lado la recopilación de información mediante las redes burocráticas, es decir, se solicitaba a los vicerreinatos la recopilación de datos sobre la naturaleza americana, así como el envío de espécimenes que permitiera el crecimiento tanto del Gabinete Real como del Jardín Botánico -cuyas colecciones servían para aumentar el prestigio de la corona y hacer ver al mundo su inmenso poder debido a sus dominios-, y por otro lado se financiaron expediciones científicas, sobre todo, a partir de mediados del siglo XVIII cuando otras potencias extranjeras se habían lanzado a territorios como el Pacífico.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se llevaron a cabo una serie de expediciones científicas que tenían un doble objetivo: político-militar (control de las colonias americanas) y científico (reconocimiento de la flora y fauna de la zona con un fin económico y taxonómico). No todas las expediciones fueron iguales y no todas tenían el mismo fin. Daniela Bleichmar en Visible empire se centra en áquellas que más éxito tuvieron: las expediciones botánicas. De 1754 a 1807 se llevaron a cabo 6 expediciones botánicas que cumplían con los objetivos económicos, taxonómicos que tanto buscaba la monarquía. Fueron tres las que más frutos darían: la expedición al Perú (1777-1786) con los naturalistas Hipólito Ruiz y José Antonio Pavón, la expedición a Nueva Granada (1783-1808) con el naturalista Celestino Mutis y la expedición a Nueva España (1787-1804) con Martín Sessé. 

Sin embargo, la obra de Bleichmar no se dedica a explicar qué fueron, ni cómo se desarrollaron las mencionadas expediciones. El protagonista es la imagen y la función que esta ejerció para difundir todo el conocimiento que se estaba adquiriendo de las expediciones. Las imagenes jugaron, desde el principio, un una función esencial en el estudio de la Histora Natural en la Edad Moderna, pero sobre todo en el estudio de la naturaleza americana. La importancia de la imagen residía en el hecho de que podía preservar un especímen de una manera que no se podía preservar si se disecaba, representarlo en un estado de perfección, transportarlo miles de kilometros sin que sufriera daño alguno, permitiendo transportar el conocimiento y permitiendo también que un naturalista "de gabinete" pudiera estudiar la naturaleza americana sin moverse de casa, permitía los estudios comparativos y el desarrollo del conocimiento (por ejemplo, se podía saber si se había cometido algún error en la descripción de alguna planta o si la descripción estaba incompleta, o si se había descubierto un nuevo especímentes), asimismo la imagen ayudaba al naturalista de campo para saber qué debía investigar, que especímenes podía encontrar o sí se habían descubierto plantas nuevas. Las imágenes funcionaban también como pruebas del trabajo que realizaban las expediciones, los resultados obtenidos, y permitía persuadir a los patrocinadores para que siguieran financiando la expedición.

En general, la obra de Bleichmar narra de una manera amena e interesante la historia de la imagen en las expediciones botánicas españolas del siglo XVIII.


Bibliografía recomendada:

Bañas Llanos, María Belén: "Expediciones científicas españolas al Pacífico, en la segunda mitad del siglo XVIII", en Revista española del Pacífico, nº 2, 1992. pp- 85-108.

Bleichmar, Daniela: Visible empire. Botanical expeditions and Visual culture in the Hispanic Enlightenment. University of Chicago Press. 2012.

Cowie, Helen: Conquering nature in Spain and its empire, Manchester: Manchester University Press, 2011.

30 de junio de 2013

La misión



"La misión" es una de esas películas que siempre he querido ver pero que por un motivo u otro he ido dejando   una y otra vez, hasta pasar incluso años. Será porqué ando inmersa en un estudios sobre las expediciones del siglo XVIII, será porque ando leyendo varios artículos y libros sobre la imagen del indígena americano que me pareció propicia ver esta película ahora. La verdad que el tema de las misiones jesuitas,y hablando con cierta ignorancia, me ha parecido un tema muy interesante de leer e incluso de investigar y esta película me parece una manera interesante de acercarse a ella.

Partiendo de la base de que cuenta con dos magníficos actores como protagonistas (Robert De Niro y Jeremy Irons que repetiría papel de jesuita en la entretenida "El hombre de la máscara de Hierro"), la película hace uso de una magnifica banda sonora y un espectáculo visual para contarnos un momento crucial de la historia de las misiones jesuíticas en la zona del Río de la Plata. Las luchas de las monarquías portuguesas y españolas pusieron en riesgo la labor misionera de los jesuitas los cuales ejercían un gran poder en la zona cristianizando a los indígenas y proporcionándoles unas misiones donde se autoabastecían. Sin duda alguna el poder jesuita no gustaba a las coronas europeas por lo que la labor de las misiones empezó a cuestionarse hasta decidir su total fulminación. Todo ello se cuenta de una manera simple y bella en la película. Sin mucho guión pero con magníficas escenas. Totalmente recomendable. 


16 de enero de 2013

La casa de monstruos de Moctezuma



Puede parecernos hoy día, aunque puede que ya no tanto, que el hecho de visitar zoológicos y coleccionar animales sea algo de muy siglo XX o XIX a lo sumo. Nadie, o muy pocos, se han parado a pensar cuándo empezó ese deseo del ser humano por coleccionar animales que no tenían al alcance de sus manos, animales con los que no se tropezaban en el bosque al salir de su casa. En un maravilloso libro llamado La jirafa de los Medici se nos explica que ese deseo va más allá de lo que pudiéramos imaginar, pues el ser humano ha sentido la necesidad de tener lo que no puede conseguir fácilmente desde épocas muy tempranas y el coleccionar animales exóticos no sólo respondía a un deseo de satisfacer una curiosidad, sino también de un deseo de exhibir un poder personal. Pero no quiero hacer "spoiler" del libro y animo a su lectura.

Entre una de las historias más fascinantes que contiene en libro, me topé con la historia del zoológico de Moctezuma. Este emperador azteca había mostrado un gran interés por la naturaleza y había creado en su propio palacio determinados espacios o "casas" que se destinaban a animales exóticos, tal y y como lo explicaron los conquistadores españoles en sus crónicas. Sin embargo, Moctezuma no solo mostraría un gran interés por los animales sino también por los seres humanos que mostraban cierta deformidad los cuales eran exhibidos junto con los animales. Así, Bartolomé de las Casas diría que el rango más singular del aviario (un inmenso lugar donde Moctezuma coleccionaba todo tipo de aves la cuales eran muy apreciadas por sus plumajes) era la sala "donde se exhibían hombres, mujeres y niños que tenían, de nacimiento, las caras y los cuerpos blancos y cuyos cabellos, cejas y pestañas también eran blancos". Estos seres albinos eran extraordinarios para los mexicas pues pocas veces aparecían y eran consideradas en parte humanas y en parte divinas.

Asimismo, Hernán Cortés escribió que Moctezuma mantenía "muchos hombres y mujeres deformes, enanos y jorobados [...] cada forma de la monstruosidad tenía un lugar propio; y además había personas para cuidarlos". Y no sólo es que fueran exhibidos sino que además servían de entretenimiento al emperador para sus comidas como bien recoge López de Gómara: "Siempre estaban presentes en sus comidas enanos, jorobados, tullidos, todos reunidos allí para su entretenimiento y diversión, que luego junto con los bufones y saltimbanquis, tenían permitido comer las sobras de su comida en un rincón del salón". 

Sin embargo, por muy miserable que pueda parecer la vida de estos seres monstruosos, lo cierto es que la vida de éstos parecía ser mucho más fácil en el jardín de fieras real pues en él tenían sus aposentos y cuidadores que los atendían y alimentaban, que en el mundo exterior donde su supervivencia era totalmente incierta y probablemente llena de sufrimientos. E incluso recibían mejor trato que los guerreros nobles capturados por los mexicas en las batallas los cuales terminaban siendo objetos de sacrificios. 

Para Moctezuma, los seres humanos extraordinarios como los monstruos eran especímenes naturales que valía la pena coleccionar, catalogar y observar con deleite. Y es que los aztecas reverenciaban la naturaleza y valoraban su estudio. Asimismo, la antología de raros ejemplares recopilada por el emperador realzaba su imagen de señor que domina la tierra y el mar y de soberano dotado de notable distinción, por lo que no es raro que además circularan rumores entre los españoles de que los seres tullidos habían sido quebrados en la cuna para mayor gloria del rey.

Fuente: Belozerskaya, Marina: La jirafa de los Medici, y otros relatos sobre los... Barcelona, ed. gedisa, 2008.

22 de noviembre de 2012

John Byron, el abuelo desconocido de Lord Byron.

Grabado ilustrativo de la obra de John Byron donde podemos verlo a él ofreciéndole una galleta a una mujer patagona y su hijo. Este tipo de ilustración sería muy repetida en esta época. 


Seguro que muchos de los que se acercan a este humilde blog conocen, al menos de oídas, al poeta inglés Lord Byron. Sin embargo, muy pocos sabrán que Lord Byron fue el nieto de John Byron. Éste fue un vicealmirante inglés nacido en 1723, que se hizo especialmente conocido cuando sobrevivió al naufragio del HMS Wager, una fragata capitaneada por George Anson que naufragó al poco de atravesar el Estrecho de Magallanes. Sin embargo, John Byron conseguriá ser especialmente aclamado por su viaje alrededor del mundo al mando de HMS Dolphin, siendo ésta la primera expedición científica financiada por la corona inglesa y siendo además la primera circunnavegación que se realizaba en menos de dos años. 

El objetivo de Byron, cuando partió de Plymouth en 1764, era el reconocimiento de las Falkland (Islas Malvinas) con el fin de de encontrar un buen emplazamiento para establecer una base. Sin embargo, estos objetivos nunca quedaron claros y al final se supo que la corona inglesa, el objetivo con el que financió esta expedición era el de conquistar las Islas Malvinas algo que ya estaba llevando a cabo la corona francesa cuando Antoine de Bouganville conquistó Port St Louis en 1764. Esta lucha entre ingleses y franceses por las Malvinas hizo que la corona española reclamara lo que por ley era suyo, pues según las bulas pontificias del 1493 solo la corona española podía controlar América del sur con excepción de Brasil. Y aunque el conflicto terminó pronto con los franceses cuando éstos les entrgaron a la corona española la colona de Port St. Louis, lo cierto es que no pasó lo mismo con los ingleses y no tardó en estallar la guerra. 

Sin embargo, no es esto lo que más me interesa de John Byron. Yo, como buena interesada en bichos y monstruos, me topé con algo interesante en su obra: Viaje al rededor del mundo hecho en 1764, 65 y 67 a bordo del navío Delfín. En ella, el vicealmirante cuenta que buscado la isla de Pepys (Isla fantasma ubicada a 230 millas al norte de las Islas Malvinas, reportada por primera vez por el pirata británico Ambrose Cowley.) acabó navegando por la "costa de los patagones" donde desembarcó en la Bahía del cabo de las vírgenes. La existencia de humo en la costa, según cuenta el mismo, le llevó a querer explorar más encontrándose así con unos quinientos hombres "de una estatura gigantesca y parecía que realizaba los cuentos de monstruos de figura humana…”. ¿Quienes eran estos seres gigantescos? No cabe duda, la leyenda de los Patagones (Seres que habitaban el sur de la Patagonia y que según cuentan los primeros cronistas, en especial, Antonio Pigafetta quien relató el viaje de Magallanes al estrecho homónimo, eran de una altura extraordinaria, gigantesca) volvía a resucitar en Europa. Una leyenda que había decaído con los tiempos y con la multitud de testimonios en contra de la leyenda que iban apareciendo.

Byron no sólo resucita la leyenda, sino que en sus textos muestra admiración por estos seres de altura extraordinaria y habla sobre ellos con el romanticismo de la época. Así para resaltar la estatura de los mismos dirá: “Este oficial, que tenía seis pies, parecía, por decirlo así, un pigmeo al lado de estos gigantes…”. 

23 de marzo de 2011

Monstruos en el Nuevo Mundo: Amazonas, Gigantes y acéfalos.


1. Amazonas.

El mito de las Amazonas parece ser un mito que provino directamente de la Antigüedad a América sin que haya despertado el mayor interés en la Edad Media, quizás porque caercía de interpretación bíblica.

El 16 de Noviembre de 1493 Cristóbal Colón se hace eco de una noticia que le proporciona los indios: la existencia de una isla poblada de mujeres sin hombres, la cual el Almirante estaba muy interesado en ver para poder llevar alguna de esas mujeres al rey. Asimismo, Pedro Mártir de Anglería hablaría de ellas en diversas décadas de su obra. En sus descripciones se observa el respeto por el mito clásico y las describe de igual modo que lo hacían los auctoritas:

“Piensan algunos que viven al estilo de las amazonas. Los que la examinan mejor, juzgan que son doncellas cenobitas que gustan del retiro […]. En ciertos tiempos del año pasan hombre a la isla de ellas, no para usos maritales, sino movidos por compasión, para arreglarles los campos y huertos […]. Mas es fama que hay otras islas habitadas por mujeres, pero violadas, que desde pequeñas les cortan un pecho para que más ágilmente puedan manejar el arco y las flechas, y que pasan allá hombres para unirse con ellas, y que no conservan los varones que les nacen"

La iconografía de las Amazonas se hizo muy popular en América hasta el punto de que terminaría convirtiéndose en una alegoría de todo el continente. Seríanrepresentadas con todos los atributos con que más tarde sería representada “América”.La “americanidad” está expresada por el arco y el carcaj con la que va armada. Pasado el siglo XVI, por tanto, su imagen se difundiría para dejar paso o para transformarse en la alegoría de la América.

2. Los gigantes.

Fue Fernández de Oviedo el cronista que más información proporcionó de los gigantes o Patagones. En los capítulos VII y VIII del libro XX de su "Historia General y Natural de las Indias", Oviedo recoge la historia de un clérigo llamado Juan de Areyzaga quien se había encontrado con estos gigantes. Por ello da una descripción exacta de sus costumbres, jerarquía, etc. También Pedro Mártir de Anglería hablaría de los famosos patagones y afirmaba que él mismo llegó a tener en su casa un hueso de tales gigantes.

También el gigante fue portador de un sentido emblemático que los situaba siempre en el origen de las civilizaciones, asimismo representaban la barbarie, la desmesura y el primitivismos salvaje. Los gigantes eran seres que debían ser castigados pues personificaban la falta de civilización y es por ello que los conquistadores debían imponerle un nuevo orden moral y político. La civilización de los gigantes formó parte del discurso de legitimación de la conquista americana.



3. Acéfalos.



Los acéfalos eran una raza monstruosa caracterizada por su falta de cabeza. La identificación del continente asiático con el americano y la creencia de la cercanía del Nuevo Mundo con el Lejano Oriente facilitaron la creencia en América de una serie de monstruos heredados de la Antigüedad como el acéfalo.
De entre muchos de los relatos sobre los acéfalos, el más importante fue las memorias de Sir Walter Realeigh, del cual ya hemos hablado en este blog. Éste plasmó por escrito sus experencias en la expedición de búsqueda de "El Dorado", y fue en esos escritos donde hablaba de todas las leyendas que rodeaban el mito de la ciudad dorada entre ellas la existencia de una tribu llamada "ewaipanoma", que era una tribu de hombres cuya cabeza no estaba sobre los hombros, sino en el pecho. Su relato fue tan influyente que incluso Shapeskeare recogía a estos seres en su obra "Otelo".

En la iconología americana los acéfalos tendrían una gran vinculación con profecías apocalípticas y demoníacas.

18 de marzo de 2011

Monstruos en el Nuevo Mundo: Cinocéfalos y Sirenas.

1. Cinocéfalos.

Los hombres con cabeza canina fueron situados en el nuevo continente desde un primer momento. Cristóbal Colón fue el primero en describirlos en su famoso "Diario de a bordo". El 4 de Noviembre de 1492, el Almirante hacía la siguiente descripción de los susodichos seres:

"Entendió también que lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comía los hombres, y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura".


Al leer esto, sin duda, nos viene a la mente una especie de ser monóculo y caníbal. Debía ser bastante extraño lo que Colón vio para describirlo de esa manera, o bien, haber dejado ir su imaginación aunque siempre teniendo como base ideas anteriores de lecturas de obras como las de Mandeville o Marco Polo.




No sería ésta la única vez que el Almirante viera estos seres, el 26 de Noviembre volvería a verlos y deducía que debían de pertenecer al señorío del Gran Can. Al hacer esta deducción, Colón pretendía hacer ver que irremediablemente estaba en el reino del Gran Khan en Asia, por lo que ésos "cani" (perro en latín) debían de ser sirvientes o habitantes de dicho reino.

Desde el propio continente europeo también se recogían historias de cinocéfalos americanos, el propio Licóstenes recogería en el apéndice de su obra que en el continente americano habitaba un linaje de hombres con cabeza de perro.

2. Sirenas


Las sirenas, entendidas como nereidas y no como la mitología griega la describía, también fueron un mito que estuvo presente en el continente americano. El 9 de enero de 1493, Colón recogía lo siguiente en su famoso "Diario de a bordo":

“El día pasado, cuando el Almirante iba al Rio de Oro, dijo que vido tres sirenas que salieron bien alto del mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara. Dijo que otras veces vido algunas en Guinea en la costa de Manegueta” .

Sin embargo, no siempre era oro todo lo que relucía y es posible que Colón no viera a verdaderas sirenas sino a los manatíes, peces que morfológicamente tenían cierto parecido con el ser humano y que luego fueron recogidos por cronistas como López de Gomara como peces y no sirenas.

A pesar de todo, las historias de sirenas no dejaron de circular y los cronistas no dudaban en incluir estas historias en sus obras. Fernández de Oviedo recogía los testimonios de marinos que afirmaban haber visto sirenas, como el de Alonso de Santa Cruz. Así como las historias de otros dos marino que contaron cómo paseando por la playa se encontraron con estos seres los cuales salieron espantados al ver los perros que los conquistadores llevaban, e incluso cuentan cómo mataron a uno con palazos.

Otro autor que también se hizo eco de la presencia de sirenas en el Nuevo Mundo fue Pedro Mártir de Anglería. Aunque este último se mostró bastante escéptico a la hora de creer en esas fantasías.

15 de marzo de 2011

Los Monstruos en el Nuevo Mundo: Introducción.


El descubrimiento de América no solo revolucionó la economía europea, sino que supuso una apertura social, cultural y natural como nunca antes se había producido, pues al fin y al cabo supuso entrar en contacto con un continente totalmente nuevo. El mundo Oriental, aunque también desconocido en su mayoría, había sido más accesible para el circulo erudito medieval y también moderno, libros como los de Marco Polo o Mandeville así como los de Ctesias de Nido,Plinio, Estrabón, etc. habían permitido conocer ese gran continente que se situaba en la zona oriental. Está claro que gran parte del conocimiento tenía una base fantástica plagada de seres monstruosos como cinocéfalos, amazonas, seres con orejas tan grandes que les proporcionaba sombra, esciápodos, árboles que como frutos daban corderos (cordero vegetal) y que muchas de las historias Marco Polo eran frutos más de una grandiosa imaginación que una descripción realista, y qué decir de Mandeville, cuyo viaje ha sido puesto seriamente en duda. Pero a pesar de todo, el continente asiático era conocido, al menos se sabía que estaba ahí y que era realmente exótico (todo lo exótico que puede ser un continente lleno de fantasías occidentales).


Con el descubrimiento de América las fantasías fueron doblemente mayores, se produce lo que que algunos autores han calificado como "Renacimiento de lo Maravilloso" pues toda la fantasía oriental se trasladó a un contintente del que nada se sabía. Este "Renacimiento" rehabilitó los escritos de Plinio y Solino, ya que muchos de los cronistas tomaban a éstos como bases de sus escritos sobre el Nuevo Mundo. Aunque hay que decir que no todos compartían esta rehabilitación, para algunos cronistas, el descubrimiento del Nuevo Mundo demostraba cuan equivocados se hallaban estos escritores a la hora de hablar de monstruos pues a pesar de lo mucho que se había navegado en ningún lado se había hallado seres monstruosos tales como los cinocéfalos o las amazonas y así lo manifestaba Fernández Navarrete al decir lo siguiente: "¿Quien es el que creerá ya de aquí en adelante que hay monoszellos, spithameos (pigmeos) y otros semejantes que son más monstruosos que hombres que los antiguos escriptores nos dejaron escriptos que había, como veamos que los castellanos [...]habiendo dado una vuelta al universo orbe, nunca haya topado, visto ni podido saber ni menos oir en todo lo que han andandio que agora ni en tiempo alguno haya habido ni haya los semejantes hombres monstrusoso?"


Lo cierto es que, creyéndose o no creyéndose en monstruos, cronistas y conquistadores no dudaron incluir en sus crónicas o memorias seres realmente monstruosos simplemente para el deleite de lector, para dar un toque seductor a sus escritos y, sobre todo para los conquistadores, conseguir el interés del algún benefactor para seguir sus campañas de búsqueda de oro (como la búsqueda de El Dorado de Walter Raleigh) e incluso campañas que tenían como fin buscar a las propias amazonas. El mismo López de Gomara, que tanto criticaba el gasto de dinero en campañas absurdas como la búsqueda de Amazonas, no dudaba en añadir a estas mujeres en su obra "Historia General de las Indias" o en describir a los Patagones como seres enormes carente del habla y caníbales. Y aunque creía que todo esto eran fábulas e incluso frenos al objetivo del Imperio -la colonización- lo añadía simplemente para seducir al lector, complacer el gusto por lo exótico que muchos de los lectores poseían tal y como demuestra el interés que había en obras misceláneas donde se hablaban de monstruos y hechos maravillosos.


¿Cuáles eran las razas monstruosas más presentes en estas obras? Básicamente las que más presente estaban en las obras clásicas: Cinocéfalos (hombres con cabeza de perro), Amazonas, Gigantes, Sirenas (entendiéndose éstas como mitad pez y mitad humana), acéfalos, etc. Todos estos seres fueron descritos y localizados en determinados lugares del continente americano tal y como veremos en las próximas entradas.

15 de noviembre de 2010

No es cuestión de ser el primero...

Andaba el otro día en pleno debate con mi hermano sobre la verdadera autoría del descubrimiento de América, debate bastante común sobre todo para aquellos pseudohistoriadores que quieren ver descubridores hasta de debajo de las piedras -aún recuerdo la presentación del libro de Javier Sierra donde argumentaba que los Templarios llegaron a América pues se había encontrado en ella estatuas con barbas cuando los indígenas no eran barbudos-, cuando de repente recordé un texto que había leído recientemente en el libro de Juan Pimentel, El Renacimiento y el Megaterio. El texto estaba relacionado con el tema del grabado del rinoceronte de Durero, según Pimentel, algunos autores cuestionaban al primera autoría de Durero ya que éste se había basado en una imagen que un comerciante le había mandado pero que había desaparecido. La situación no podía ser más similiar al descubrimiento de América, a lo largo de los años se ha dicho que los primeros en llegar América no habían sido los castellanos sino vikingos o habitantes del Norte de Europa pero que o no eran coscientes de dónde habían llegado o si lo eran no lo habían proclamado, por ello Juan Pimentel decía lo siguiente dando punto final al susodicho debate:
"Es una interrogación semejante a la que se planteó en materia de descubrimientos geográficos sobre si Colón fue el primer europeo en llegar a América o no, una perspectiva que acentúa la cuestión de la prioridad y la singularidad, mientras que rebaja el carácter social y cultural que tiene éste o cualquier otro descubrimiento. El viaje de Colón desató un proceso infinitamente más decisivo y complejo que el mero hecho de desembarcar en una playa lejana. La incorporación del Nuevo Mundo, la amplicación de la ecumene, la forja de una historia común y de unas redes atlánticas, la extensa serie de cuestiones, debates y problemas antropológicos, políticos y científicos que desencadenó el viaje de 1492 para los pueblos de ambas orillas no puede compararse con lo que trajeron y produjeron unos improbables monjes irlandeses o unos navegantes vikingos años atrás. Sin comunicación, sin dimensión pública, un descubrimiento o un invento apenas es nada. La ciencia es una práctica profundamente social."
Pimentel, Juan: El Rinoceronte y el Megaterio, un ensayo de morfología histórica, Madrid, Abada editores, 2010. P. 93

12 de octubre de 2010

Día de la Hispanidad


Hoy, 12 de Octubre, celebramos como cada año el día de la Hispanidad que -para quien no lo sepa, no os sorprendáis son muchos- conmemora el día en que Cristóbal Colón llegó a América y, de nuevo como cada año surge el debate ¿Se debería conmemorar un día que trajo tanta miseria a parte del continente americano? Muchos pensaran que no, pues la miles de muertes que supuso la conquista americana por parte de España justifican que un día como hoy no deba conmemorarse y menos ahora, ya que una vez perdidas las colonias, un día como hoy carece de sentido. Para otros, la conquista de América supuso un avance cultural en un continente carente de civilización y cultura. Los españoles no solo llevaron muerte y misera, no solo abusaron de la riqueza del continente sino que además llevaron una lengua, una cultura, etc.


Mi opinión es un estado intermedio entre ambas, pienso que para que no se repita el pasado es necesario recordarlo. Y es que el futuro debe mejorar aprendiendo de los errores del pasado. Para que no se repitan horrores como los de la masacre americana, o los campos de concentración alemanes o dictaduras como la española, debe recordarse y se debe aprender de ello. Por ello, el día de la Hispanidad no debe ser un día de exaltación a la nación con desfiles militares donde se exhiban sus Reales Majestades, sino que debería ser un día de reflexión nacional para que la gente no olvide los errores cometidos en el pasado por los españoles. Y para que no se caiga en el error -inocente a veces- en justificar la conquista y los horrores de ella con la cultura, ya que en ningún momento los indígenas pidieron ser sometidos a un proceso de "aculturación" ni tampoco carecían del cultura, por el contrario, poseían una cultura muy rica a veces olvidadas asimismo poseían su propia civilización a la que han tachado de prehistórica. Para algunos estas ideas están superadas, todos somos conscientes de las crueldades que supuso la conquista de Ámérica, sin embargo, en los colegios aún se olvidan de esa parte de historia y se sigue tachando a Cristóbal Colón de héroe nacional.


¿Celebrar? No, no creo que debamos celebrar con desfiles militares. ¿Reflexionar? Sí, hay que reflexionar sobre el pasado, ver pros y contra de los actos pretéritos con el fin de no repetirlos en el futuro.

15 de julio de 2010

Sir Walter Ralegh y la búsqueda de El Dorado (II)

A pesar de todo, Ralegh no fue tonto dejó allí en Guayana a dos ingleses que en parte actuaban como rehenes de los indígenas pero que por otra parte estaban aprendiendo todo lo necesario para la conquista, así aprendieron la lengua de los indígenas y buscaron minas de oro para financiar la conquista. Sin embargo, uno fue capturado por los españoles y el otro fue escondido por los indígenas, vivió con ellos 20 años hasta el punto de que apenas se acordaba de su lengua materna. Es por ello que Ralegh trató de organizar nuevas expediciones a Guayana. Fue ayudado por Cecil quien le financió dos barcos que partieron a las órdenes de Laurence Keymis en enero de 1596. Cuando llegó a Caroní se dio cuenta que los dos ingleses se había ido por lo que sufrió una gran decepción, aunque sus esperanzas volvieron cuando encontró a un indígena que le explicó de donde procedía el oro dando por cierto la existencia del El Dorado. Todo ello se lo envió en un informe a Ralegh. Sin embargo, éste se hallaba inmerso en las campañas contra España en el famoso ataque de 1596 y en la fracasa expedición contra el Amazonas en 1598. Pero desde 1597 a 1603 logró ser restablecido como consejero y confidente de la anciana reina Isabel, ocupó cargos públicos y se vio envueltos en empresas coloniales con Virgina.



A pesar de todo no logró consolidar su futuro y la muerte de la reina le pilló por sorpresa. Sus enemigos intrigaban en sus espaldas. Todo lo de Ralegh repugnaba al nuevo rey inglés Jacobo VI. En julio de 1603 fue llevado de nuevo a la Torre acusado de Traición. El veredicto fue: culpable. El rey no quería ejecutar al que se había convertido en un héroe nacional por lo que estuvo detenido doce años en dicha Torre y allí escribió la primera parte de su obra Historia del Mundo. Y aunque languidecía en prisión nunca abandonó su idea de conquistar Guayana. Sus enemigos se burlaron de las fantasías que había escrito en su anterior libro y se concentró en las Minas de oro de Keymis.



En 1616 fue liberado por un fiador y sólo para preparar su aventura por el Orinoco. Recibió su patente prometiendo que no infringiría daño a los súbditos del rey de España. Cabe decir que Ralegh ya tenia 60 años, estaba canoso, encorvado por la edad y el reúma, jadeante y caminaba con la ayuda de un bastón. Pero tenía un gran entusiasmo. Vendió muchas de sus posesiones para financiar el viaje. En noviembre de 1617 llega Guayana con una gran acogida por parte de los indios. En diciembre de 1617 ancló en el Orinoco y de allí se dirigieron a Iconuri donde supuestamente el cacique Putjima dijo que estaban las Minas de oro. La expedición sufrió muchas dificultades y además se incumplió la promesa cuando el joven Walter Ralegh asaltó una ciudad española: Santo Tomé. En dicho asalto, el joven Ralegh perdió la vida. Ralegh no supo sobreponerse del fracaso de la expedición. En una carta enviada a su mujer, mostraba una profunda tristeza y dejaba constancia de que sabía que ya los españoles sabían de la ruptura de la promesa. A pesar de todo, siguió buscando una mina de oro en las proximidades del Orinoco. Sin embargo, todos sus hombres desertaron.



Cuando llegó a Plymouth en 1618 fue recibido a gritos de: ¡Pirata! y se dio orden de su detención. Se fingió enfermo con el fin de conseguir la clemencia del rey. Preparó una huida a Francia motivado por la información que le dieron dos franceses que le dijeron que en Francia sería bien recibido. Sin embargo, fue traicionado por un personaje que formaba parte de su séquito y que pasó a la historia con el nombre de "Sir Judas". Ralegh entró de nuevo en la Torre de Londres. Preparó una ardua defensa. Ante la duda de qué hacer con él se decidió que se presentara antes un comité de seis miembros encabezado por Sir Francis Bacon. Sin embargo, sumando las culpas anteriores -traición- con las presentes, su vida estaba colgado de un hilo y todo el mundo lo consideraba culpable, principalmente Bacon que pensaba que debía morir. Su ejecución se preparó para el 29 de octubre de 1618, pasó su última noche en la casa del guardián frente a Westminster Hall. Dejó una nota donde negaba todas las acusaciones. Se dice que dijo que moría feliz porque "esperaba convencer al mundo de que moría siendo inocente", ciertamente parecía que moría para satisfacer a España. La entereza de Ralegh en el patíbulo le hizo acreedor de gran "honor y reputación ante los hombres".


En su ejecución, dio un discurso de 45 minutos donde insistía en su inocencia. Abrazó a sus amigos, cogió el hacha, probó el filo, y considerándola suficientemente afilada para su fin dijo: "Esto es lo que curará todas las penas". Pidió al verdugo que golperara cuando levantara la mano. "Y entonces no temas" dijo "sino acierta...". Después de haber estado sobre el tronco hizo la señal acordada y al no advertirla el verdugo, se dirigió hacia él en voz alta preguntando por qué no golpebaba. "Golpea, hombre" dijo. Y así con dos hachazos fue liberado de su dolor.
Fuente:
Hemming, John: En busca de El Dorado, ediciones del Serbal, Barcelona, 1983. Capítulo 10.