
Pastoureau, Michel: El oso. Historia de un rey destronado, editorial Paidos, Madrid, 2007.

No sé si han tenido el placer de visitar el Palacio de Versalles en París, yo tuve esa oportunidad hará unos 6 años en un viaje cultural organizado por mi colegio cuando tenía 16 años y he de decir que lo que más recuerdo del Palacio no fue su interior, un teatro donde la nobleza se convertía en espectador de la vida del rey, sino su exterior, su magnífico exterior. Hoy sé que ese exterior se lo debo a un hombre: André Le Nôtre y es por eso que me decidí a escribir esta entrada.

Permitenme que haga esta entrada algo más personal y les cuente de qué modo ha surgido en mí este interes por Lully, el músico de la Corte del Rey Sol. Y es que hará aproximadamente unos 3 ó 4 días, un compañero de mi Facultad me recomendó una película, la que veís en la foto de la derecha: Le roi danse (La pasión del Rey en español o The King is Dancing en inglés). Yo he de decir que no presté mucha atención, la busqué por Ares, pensando verla algún día de estos... Sin embargo, mi compañero, muy interesado porque la viera, tuvo el detalle de dármela en CD. La ausencia de series y las pocas ganas de leer hicieron que ayer me sentara a verla y descubrí un nuevo personaje histórico que desconocía totalmente: Lully. Por lo demás la película es magnífica, no quizás por la trama, pero si por la ambientación y por la música, protagonista total de la película. Sin embargo, lo que más me maravilló fue la interpretación de Luis XIV, el actor fue capaz de transmitirme esa superioridad casi divina del Rey Sol dejando a la altura del betún la interpretación que Leo Di Caprio hiciera en la entretenida "El hombre de la Máscara de Hierro". Obviamente tras ver la película sentí como una obligación dar a conocer este personaje a todos aquellos que dedican parte de su tiempo libro a leerme, aunque he de decir que esta entrada ha sido una odisea pues apenas he hallado información de Lully en la Biblioteca donde tengo el placer de hacer mis prácticas aunque al final he tenido algo de éxito.
En 1662 fue nombrado director musical de la familia real. Luis XIV no quería oir otra música más que la suya, y el brillante éxito que sus composiciones obtenían era para él una fuente inagotable de favores y gracias. Compuso ballets como "Alcidiana" y en colaboración con Moliére compuso una serie de ballets cómicos como "Les fâcheux", "Le marriage forcé" y "Le bourgeois gentilhomme". En estos años, Lully se había convertido en ciudadano francés bajo el nombre de Jean Baptiste Lully.
A partir de 1672, Lully, utilizando la pasión de la nobleza francesa por los espectáculos de ballets, se dedicó a componer óperas con textos en francés pero en un estilo más llano que los italianos y con abundantes escenas corales y de bailes. Mediante intrigas consiguió una patente para establecer en París una Academia de la música, pues esta ya había sido concedida a Perri y a Cambert en 1669 pero debido a una mala administración, Perri se arruinó y vendió sus derechos a Lully. Sería a partir de entonces, cuando Lully se dedique únicamente a escribir óperas y en muchas de las cuales se sirvió de poeta Phillipe Quinault. Bajo su dirección la ópera se convirtió en un teatro de primer orden.
Murió en 1687 en París, a consecuencia de una herida que se hizo en el pie con su bastón de director de orquesta, una pesada barra de hierro que servía para llevar el compás golpeando el suelo con ella; esto le provocó una infección que acabó lentamente con su vida.
Con respecto a su personalidad se le consideraba como adulador, cruel y brutal con los demás. Era envidioso y persiguió a todos los artistas que podían disputarle el favor de que gozaba en la corte. Era un tirano con sus actores y músicos de su orquesta e incluso había momentos en que no respetaba ni al rey, y a este respecto se cuenta que un día Luis XIV, cansado de los largos preparativos de un festival, envió a decir a Lully que se aburría a lo que el compositor respondió: "El rey es el amo; puede aburrirse tanto como plazca". Era ingrato con sus mejores amigos como Moliére, con quien perdió la amistad.
La importancia de Lully en la música se debe a las mejoras que impuso. Con la ópera francesa abandonó el recitativo secco y lo sustituyó por un recitativo con acompañamiento artístico, resaltó el drama y eliminó todo lo que había de excesivo en el desarrollo de la melodía. En los ballets introdujo danzas más rápidas y también estableció la forma de obertura francesa.
FUENTE:
Poca bibliografía puedo daros ya que ni yo misma he podido encontrar nada. Esta vez mi fuente ha sido una enciclopedia general y luego una Enciclopedia Salvat de los Grandes Compositores. Cabe decir que en la enciclpedia enumera una bibliografía:
Ecorcheville: Lully, gentilhomme et sa descendance (1911).
Le Presvot d´Exmes: Lully musicien.
Pougin: L´Opera française sous le règne de Lully (1885-86).
Radet: Lully homme d´affaires, propriétaire et musicien (1891).
Es todo en francés pero quién sienta más curiosidad puede consultarlas, aunque por las fechas quizás sean un poco anticuadas. También podeis consultar la siguiente página web: http://lully.ifrance.com/ En ella encontrareis una biografía, datos del contexto históricos, lo que era el ballets en francia, también datos sobre los libretistas, libretos, lo que eran los ballets cómicos, etc. En definitiva una serie de datos curiosos que para quien le guste el tema y se maneje con el francés puede ser muy productivo. Por último os dejo el tráiler de "Le roi danse".
Dedicado a Ramón por recomendarme esta película y molestarse en que la viera.


El origen de estos ataques estaba en la 1ª Flota Aérea Naval que había sido diezmada anteriormente. Cuando Onishi comprobó la penuria de medios y la falta de preparación de los pilotos de esta flota, decidió poner en prácticas dichas técnicas, obviamente su plan fue rechazado, pero tras obtener la autorización del comandanta en jefe de la Flota Combinada, Onishi se desplazó para entrevistarse con los mandos de una de sus unidades, el grupo aéreo 201 con base en Mabacalat, cerca de Manila. Allí, ante la ausencia causal de sus jefes, mantuvo una reunión con su jefe accidental- Asaichi Tamai- quien reunió a los jóvenes pilotos. A éstos se les expuso lo desesperado de la situación, la superioridad de los Hellcat y Corsair, la imposibilidad de hacer frente a la 5ª Flota USA, lo crucial que era la defensa de las Filipinas cuya caída supondría la pérdida de la guerra, la falta de medios y de tiempo para preparar tripulaciones
que pudiera formar un grupo aéreo capaz de efectuar ataques decisivos contra los buques norteamericanos…Tras esta exposición, se le hace una propuesta a los inexpertos pilotos: un reducido grupo de hombres decididos podía superar todos esos obstáculos estrellándose con su avión cargado de bombas contra los buques enemigos. Apenas se necesitarían una decena de hombres. Si se aceptaba la propuesta ya no sería preciso el largo aprendizaje pues bastaría volar a una gran altura y lanzarse en un largo picado de 45º sobre el buque enemigo. Como se puede suponer, el piloto perdería la vida, pero había sacrificado su existencia por un bien mayor: salvar a Japón de una terrible derrota. Para ello, Onishi, pedía voluntarios. Aquel que quisiera inmolarse por su patria debía facilitar de forma anónima su nombre: todos los presentes a la reunión, 23, se presentaron voluntarios para formar la primera unidad, naciendo así el primer grupo de ataque Kamikaze[1] cuyos miembros adoptaron signos identificativos procedentes de la tradición medieval como el pañuelo blanco con el que los samurái se cubrían la frente para evitar que el sudor cegara sus ojos: el hachimaki.
Inicialmente se formaron cuatro grupos compuestos por cinco aviones tipo Zero. A cada grupo se le asignó un nombre poético: shikishima (Japón), Yamato (nombre antiguo de Japón), Asahi (sol de la montaña), y Yamazakura (flor de cerezo). Su primera misión tuvo lugar el 21 de octubre. Sin embargo, la misión tuvo que cancelarse por el mal tiempo. Pocos días después el comandante Tadashi Nakajima ya había organizado el segundo grupo en Cebú donde obtuvo la adhesión para el cuerpo Kamikaze de los 18 pilotos útiles de esa base. El ataque al Santee fue la primera oportunidad que se presentó y correspondió a la unidad de kikushi. Ese mismo día los ya acribillado portaaviones de Clifton Sprague soportaron el segundo ataque kamikaze. El St Lo fue la primera víctima de este tipo de ataques, en este caso, de la unidad Shikishima dirigida por el teniente Seki. Tras este éxito, loas que antes rechazaron este tipo de prácticas, lo aceptaron, de esta manera se formó con los restos de la 1ª y 2ª Flota Aérea una unidad especial de ataque, la Fuerza Aérea Combinada, bajo el mando de Fukudome y con Onishi como su Jefe de Estado Mayor. Obviamente, este éxito también hizo que el número de voluntarios para ingresar en los grupos Kamikaze creciera y el ataque suicida se adoptó tanto por el alto mando de la Flota Combinada como por el Ejército.
A pesar de los éxitos conseguidos durante la guerra, los ataques Kamikazes resultaron mucho menos eficaces de lo que esperaban los japoneses, principalmente porque al padecer el piloto suicida no se extraían experiencias útiles para siguientes ataques y, por tanto, los errores tácticos efectuados en la aproximación no sólo no podían ser corregidos, sino que la experiencia tampoco podía ser de utilidad para otros pilotos ni para que los mandos pudieran plantearse de la conveniencia de modificar los métodos adoptados. Otro fallo radicaba en el hecho de querer atacar buques de guerra. Éstas eran naves muy resistentes y, además, fuertemente defendidos por su propia artillería antiaérea, por lo que, aún superados esas temibles barreras antiaéreas, el impacto de su aparato era escasamente efectivo.
Los daños causados por un Kamikaze dependían, además del punto y ángulo de incidencia, del tamaño y características de la bomba transportada y de la masa y velocidad del avión. A esto se deben añadir los incendios causados por el combustible del propio avión y las posibles explosiones del material bélico del buque blanco. Cuando alcanzaban un buque no blindado, la bomba e incluso el motor del avión podía traspasar el casco o las cubiertas y causar daños muy graves. En el caso de los portaaviones, eran peligrosísimos los incendios y las explosiones de los combustibles y bombas de sus propios aviones. En cambio, no debe resultar extraño que los kamikazes fueran relativamente poco peligrosos para buques de guerras blindados y fuertemente defendidos.
También existía un importante problema de identificación. A lo largo de la guerra se puso de manifiesto la facilidad en confundir tipos de barcos de guerra. Por ello, no es extraño que, en sus ansias por sacrificarse por el emperador, los kamikazes se emplearan pródigamente contra destructores que eran los primeros barcos enemigos relativamente grandes que veían. En cambio, los cargueros fueron menos atacados y eso que su destrucción era lo que más podía contribuir a la paralización de la ofensiva de los marines.

